La intervención alemana en Americalatina, si bien, ni fue muy
grande y notoria en tiempos pasados, hoy en día es posible observar esta y
otras introducciones sociales, políticas económicas y culturales de los países
más desarrollados. En la obra del maestro Friedrich Katz, se puede ver de forma
más profunda dicha temática, analizando los inicios de la introducción alemana
hasta la modernidad. De igual forma,
se comparan la situación de introducción alemana en México y la introducción
alemana con él resto de los países latinos. En las primeras décadas del siglo
pasado los principales países sudamericanos aún estaban ligados económica y
culturalmente a Gran Bretaña, Francia y Alemania; con esta última especialmente
en el aspecto militar. No fue sino hasta después de la Primera Guerra Mundial,
y sobre todo a partir de 1945, cuando la influencia de la República imperial
fue incontestable en todo el hemisferio occidental. El intento más serio de la
cancillería alemana de influir en la política interna de un país americano
sucedió en México, cuando trataron de convencer al líder constitucionalista
Venustiano Carranza de desatar una guerra contra el poderoso vecino del norte,
con la promesa de apoyar la recuperación de los territorios perdidos en la
guerra del 47. Con ello buscaban asegurar la distracción del ejército
norteamericano en su frontera sur, situación que neutralizaría su intervención
en Europa. “O sea, México hubiera sido arrastrado a una guerra suicida contra
Estados Unidos y después probablemente hubiera sido abandonado a su suerte” (p.
316). En un principio el káiser Guillermo buscó la participación de los demás
países europeos en sus afanes de conquista, como lo ejemplifica el bloqueo
naval a las costas venezolanas por parte de Francia, Alemania e Italia en 1902,
intervención rechazada inmediatamente por Estados Unidos, que después de la
guerra contra España en 1898 venía por sus fueros y no iba a permitir la
injerencia de ninguna otra potencia en lo que consideraba su natural zona de
influencia.
Entre las tácticas importantes que utilizaban las potencias
imperialistas frente a los países poco desarrollados, figuran el intento de
dominarlos indirectamente, sobre la base de presiones militares y económicas, o
lograr una alianza con las oligarquías poseedoras del poder. El comercio
alemán-latinoamericano se caracterizaba por el hecho de que las exportaciones a
los países latinoamericanos eran mucho mayor y más importantes que las
importaciones de aquellos países. Por lo tanto la dependencia de Alemania
respecto de América Latina era en muchos aspectos mayor que viceversa.[1]
Los avances alemanes en Latino américa tuvieron oportunidad de
prosperar, sobre todo si consideramos que el sur de Brasil estaba habitado por
una importante colonia de este origen, y que el intercambio comercial con esta
agresiva potencia capitalista era por medio de trueque: a cambio de las
indispensables materias primas para su industria armamentista proveía
maquinaria y equipo industrial, los que eran bienvenidos dados los afanes
industrializadores que surgieron en Latino américa a partir de la crisis de
1929. Pero las labores de propaganda y de proselitismo, aunque exitosas en
algunas ocasiones, no dieron los frutos deseados. No supieron, o no
comprendieron, el terreno que pretendían conquistar, amén de la rápida
respuesta de Estados Unidos bajo el liderazgo de Franklin D. Roosevelt, quien
diseñó la política del Buen Vecino para desactivar los afanes imperialistas de
las potencias rivales y preparar el terreno para la guerra que se avecinaba.
Las ambiciones eran grandes, como se evidencia en estas
declaraciones de Hitler hechas a su canciller en 1934:
Aquí crearemos una nueva Alemania —dijo refiriéndose a
Brasil—, aquí tenemos todo lo que necesitamos [....]. Por cierto, tenemos
derechos en este continente. Los Fugger y los Welser han establecido aquí
relaciones. Nosotros debemos reparar el daño causado por nuestra dispersión, el
que no hayamos podido conservar aquí, como en todas partes, lo que hemos poseído
[....]. México es un país que requiere una gerencia hábil. Bajo sus actuales amos
está degenerando. Alemania podría ser grande y rica con los tesoros del subsuelo
[...]. Con unos cuantos cientos de millones se podría conseguir todo ese
México. ¿Por qué no hacer con México una alianza, un pacto monetario, una
comunidad aduanera¨?.[2]
Cuando los nazis tomaron el poder en Alemania, la posición
económica del imperialismo alemán en América Latina, a causa de la derrota
alemana en la primera guerra mundial y la crisis económica mundial, no había
vuelto a alcanzar aun el nivel de 1913.
En
el transcurso de cuatro años, de 1934 a 1938, la situación se modificó
radicalmente. En 1938, la parte de Alemania en las importaciones
latinoamericanas era de 16.2 por ciento, habiendo alcanzado así de nuevo el
nivel de 1913. Así pues, Alemania se hallaba en lo que respecta al comercio,
exactamente igual que en 1913, en segundo lugar en numerosos países
latinoamericanos.[3]
¿A que había que atribuir ese rápido auge? La crisis
económica mundial había afectado en medida considerable a América Latina, como
a todas las regiones productoras de materias primas. El volumen de las
exportaciones latinoamericanas había descendido considerablemente en 1933 en
comparación con 1929. Los países compradores tradicionales, Estados Unidos,
Gran Bretaña y Francia, compraban solamente una parte de las materias primas
latinoamericanas. Esto debía atribuirse, por un lado, al retroceso de su propia
industria como consecuencia de su crisis y, por otro lado, a que esos países se
esforzaban por cubrir sus necesidades, en la medida de lo posible, con materias
primas del mismo país o de las colonias.
Exactamente igual que los gobernantes de la Alemania
Guillermina, los nazis repetían una y otra vez que perseguían objetivos puramente
económicos en América Latina.
Exactamente igual que sus antecesores guillerminos, los nazis
vieron en México un punto de arranque particularmente idóneo para su política.
La riqueza petrolera del país, su situación estratégica en la frontera meridional
de Estados Unidos, junto con las tensiones entre este país y los
revolucionarios mexicanos no dejaron de influir sobre el imperialismo alemán ni
en la era Guillermina ni en la época de los nazis.
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